Los tres bandidos | Tomi Ungerer

Tomi Ungerer es un artista polifacético que ha pasado bastante desapercibido en España. Hecho incomprensible, dado que  estamos hablando de alguien que ha logrado el Nobel de la ilustración, el Hans Christian Andersen.

Con una infancia marcada por la pérdida temprana de su padre (con tan solo 4 años) y los horrores de la II Guerra Mundial – obligado a vivir, durante cuatro años, bajo el dominio Nazi, en la Francia ocupada -,  la muerte le obsesionó y se convirtió en tema central de gran parte de su obra.

“La guerra es absurda. Los adultos son absurdos. Todo es absurdo”.

En 1956, con 25 años, se marchó a EEUU, en busca de la promesa de grandes posibilidades. En una época de enorme importancia para la ilustración, que dominaba todos los medios impresos, comenzó su carrera en el mundo gráfico. Con un sentido del absurdo muy similar al de Steinberg, desafiaría el estilo dominado de la época. Obtuvo su primera gran oportunidad, de la mano de Harper Collins, al editar su primer libro infantil. Rompió los tabúes en torno al imaginario infantil, introduciendo animales, tan inusuales para la época, como una boa (Crictor), un pulpo (Emile) o una familia de cerdos (The Melops).

La vida en Nueva York era todo lo que se espera de una ciudad cosmopolita y en plena ebullición cultural pero la segregación era uno de los principales males de la época. Tampoco pasaba desapercibida la agonía de la guerra de Vietnam. De nuevo, las vivencias en la infancia de Ungerer, con minorías marginadas y muertes de inocentes, le agitarían y llevarían a desarrollar una serie de carteles icónicos que, cuando menos, hacen reflexionar.

Sin internet ni redes sociales, se disfrutaba de una cierta libertad creativa, que permitiía compatibilizar trabajos de distintos ámbitos, pero, la mala suerte hizo que, en una charla, un asistente del público le increpara, por su trabajo Fornicon, un libro de dibujos sexuales, que consideraba inapropiado para un ilustrador de cuentos infantiles. La moral de los EEUU de la época minaría su carrera. Las críticas se multiplicaron y rápidamente las bibliotecas – principales proveedoras de ingresos de los ilustradores de la época – incluyeron su nombre en la lista negra de autores, lo que le obligaría a emigrar, decidiendo establecer su nueva residencia en Irlanda.

Te dejamos el documental Far out isn’t far enought, por si deseas saber un poco más sobre la trayectoria de Ungerer.